Albert
Schweitzer (Alemania, 14 de enero de 1875 - Gabón, 4 de septiembre de 1965) .Fue
un joven teólogo protestante escritor de “En búsqueda del Jesús histórico” (1906),
en la que muestra a Jesucristo con la pasión de sus propias convicciones respecto
a la vida de Jesús.
Albert
Schweitzer fue en su día un organista famoso, muy interesado en la música de Bach.
Desarrolló un estilo de interpretación simple que, según su parecer, era más cercano
a lo que Bach había querido componer. También fue un constructor de órganos famoso.
Sus
grabaciones en las que interpreta la música de Bach están disponibles en CD. En
el año de 1995 Hughes de Courson y Pierre Akendengué editaron el Álbum “Lambarena”-
“Bach to África”, en donde fusionan obras de Bach con música étnica del Gabón como
un homenaje a Schweitzer.
La visión
del mundo de Schweitzer estaba basada en su idea de la Reverencia por la vida, que
él creyó que fue su mayor y más simple contribución a la humanidad. Él veía una
decadencia en la civilización occidental, debido a un paulatino abandono de las
raíces éticas: las de la afirmación de la vida.
Su convicción
más firme era que el respeto por la vida es el principio más alto. En un modo similar
de exaltación de la vida a la de Friedrich Nietzsche, un filósofo muy influyente
en la época actual, Schweitzer siguió la misma línea de pensamiento que la del ruso
León Tolstói. En su época, algunos compararon su filosofía con la de san Francisco
de Asís, comparación que él no rechazó. En su obra Philosophy of Civilization, capítulo
26, escribió:
“La
filosofía verdadera debe empezar con el hecho más inmediato y más comprensivo del
sentido: 'soy ser vivo y deseo vivir, en medio de seres vivos que desean vivir'.
La vida y el amor en su opinión están basados y siguen el mismo principio: respeto
por cada manifestación de la vida y una relación personal y espiritual hacia el
universo.”
La ética,
según Schweitzer, consiste en la obligación de demostrar que la voluntad de vivir
de uno mismo y la de cada ser tienen la misma reverencia de lo que es propio. En
las circunstancias donde no podamos satisfacer esta obligación, no debemos caer
en el derrotismo, puesto que la voluntad de vivir se renueva una y otra vez, como
resultado de una necesidad evolutiva y de un fenómeno con dimensión espiritual.
Albert
Schweitzer alimentó la esperanza en una humanidad más profundamente consciente de
su posición en el universo. Su optimismo se basaba en la "creencia en la verdad".
"El espíritu generado por la concepción de la verdad es mayor que la fuerza
de las circunstancias." Acentuó persistentemente la necesidad de pensar, más
que en la simple actuación de seguir los propios impulsos o las opiniones más extendidas.
“Nunca
por un momento dejamos de lado nuestra desconfianza de los ideales establecidos
por la sociedad y de las convicciones que son guardadas por ella. Sabemos siempre
que la sociedad está llena de locura y que nos engañará en lo que respecta a la
consideración del significado de la humanidad [...] la humanidad significa consideración
por la existencia y por la felicidad de cada uno de los seres humanos.”
Albert
Schweitzer pasó la mayor parte de su vida en Lambaréné, en la actual Gabón, África.
Tras finalizar sus estudios en medicina en 1913, se trasladó a ese país con su esposa
en donde estableció un hospital cerca de una misión ya existente. Allí trató y atendió
literalmente a millares de pacientes. Tomó a su cargo el cuidado de centenares de
leprosos, y trató a muchas víctimas del mal africano enfermedad del sueño.
En 1914
comienza la Primera Guerra Mundial y, como ciudadanos alemanes en territorio francés,
Schweitzer y su esposa fueron hechos cautivos y confinados temporalmente a su casa.
En 1917 los internaron en Garaison, Francia, y en 1918 en la Provincia de Saint
Rémy. Allí estudió y escribió tanto como le fue posible en la preparación, entre
otros, de su famoso libro “Culture and Ethics” (publicado en 1923). En julio de
1918 se le concedió la libertad, y mientras trabajaba como auxiliar médico y ayudante
de vicario en Estrasburgo, pudo acabar su libro. Con el tiempo, comenzó a dar conferencias
sobre sus ideas, dondequiera que lo invitaran. Nó sólo deseaba que su filosofía
de la cultura y la ética se conocieran ampliamente; también le servía como medio
para recaudar fondos para la fundación de un hospital en Lambaréné, para el cual
no dudó en vaciar sus propios bolsillos.
En 1924
volvió a Lambaréné, donde dirigió la reconstrucción de su viejo hospital, después
de lo cual reanudó sus prácticas médicas. Pronto dejó de ser el único doctor del
hospital, y siempre que le fue posible viajó a Europa para dar conferencias en distintas
universidades. Poco a poco sus opiniones y conceptos fueron ganando reconocimiento,
no solamente en Europa sino en todo el mundo.
En 1952
obtuvo el premio Nobel de la Paz.
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